25/11/17

Eligiendo las consecuencias



Por José Lorenzo Moreno López

Muy pocas veces nos damos cuenta de una cosa muy importante. Nos pasamos la vida eligiendo nuestras consecuencias. Ocurre que cuando lo hacemos tenemos tanto “ruido” en nuestra cabeza, en forma de elementos externos, opiniones de los demás, e internos, prejuicios y malas experiencias, que terminamos por actuar sin pensar en ellas, y sin darles la importancia que finalmente siempre terminan por tener.



A simple vista puede parecer algo lógico, aunque después no siempre resulta así. Veréis, o mejor dicho, leeréis… Antes de plantearnos poner en marcha cualquier tipo de plan de acción debemos tener un cuenta dos cosas. Una, lo que queremos conseguir con él, y dos, tener muy claro lo que no queremos que ocurra. Y es que, inevitablemente, cualquier tipo de acción conlleva sus correspondientes consecuencias.

Así es. Sea lo que sea que hagamos tendrá una consecuencia. Será más o menos positiva, pero la tendrá. Y algo más importante aún, todas esas consecuencias deberemos gestionarlas a corto, medio y largo plazo.

Si os dais cuenta hablo de presente, corto plazo, y futuro, medio/largo plazo, aunque nunca de pasado. ¿Y porqué? Muy sencillo, porque en demasiadas ocasiones dejamos que sea el pasado el que dictamine lo que ocurrirá a partir de ahora, y precisamente esos prejuicios que arrastramos son los que finalmente acaban diseñando esos planes de acción, algo que a todas luces no tiene sentido, aunque nosotros muchas veces nos empeñamos en intentar dárselo.

Del pasado podemos, y debemos, extraer los aprendizajes y las experiencias que encontramos en él, aunque también tenemos que tener muy claro que no podremos volver atrás, y por lo tanto, entender que nada de lo que ocurrió puede volver a ser gestionado, tiene que ser una premisa muy importante a tener en cuenta antes de hacer, o dejar de hacer, algo nuevo.

Todo aquello que ocurrió en el pasado no tendrá más peso específico en el presente que el que nosotros estemos dispuestos a darle, sin embargo, si que puede ser un lastre muy importante si le dejamos sentarse a la mesa de nuestras decisiones. Y es que, si algo es cierto, es que las personas estamos en continuo cambio, crecimiento y evolución, y ni hoy somos lo que fuimos ayer, ni mañana seremos lo que somos hoy.

Todo lo que hagamos a partir de ahora mismo tendrá consecuencias en el presente más inmediato, y en el futuro mas anhelado. Jamás en el pasado. Por eso, todas y cada una de nuestras decisiones tienen que estar enfocadas en el hoy y en el mañana, y nunca en el ayer. Todo lo que ocurrió ya pasó, y si hoy día aún tienen poder sobre nosotros es porque en su momento no fuimos capaces de gestionarlas de manera adecuada, y como por causa de una mala conciencia al respecto, dejamos que sigan vivas en nuestra mente en forma de mediocres prejuicios.

Por eso, antes de poner en marcha un plan, debemos de tener en cuenta cada una de las consecuencias que nuestras acciones van a generar, tanto a nivel operativo por los medios que tengamos que utilizar, como, y fundamentalmente, a nivel humano, a través de las personas que formaran parte de la aplicación de dichos planes. Y eso solo se puede hacer de dos formas, echando la vista atrás, o mirando con firmeza adelante.

Somos parte fundamental de las consecuencias. Y es que los resultados finales que logremos con los planes y las acciones que pongamos en marcha, no serán ni más ni menos, que el resultado de una decisión previa. La decisión que tomamos antes de ponernos en marcha. Por eso, antes de analizar dichos resultados, y de preparar cualquier tipo de excusa para justificar los mismos, recordemos que todo comenzó en el momento en el que tuvimos que decidir que haríamos, y si fuimos capaces de visualizar las consecuencias que tendrían las decisiones que íbamos a aplicar. Cuando tengamos que definir un plan, detengámonos un momento y pensemos que tipo de consecuencias tendrán nuestras decisiones a partir del momento en el que pongamos en marcha las acciones que hayamos diseñado y que van implícitas a él.

El tiempo que dediquemos a ello será una magnifica inversión. Y es que nunca una pausa tan pequeña tendrá la capacidad de marcar una diferencia más grande.

Publicado en liderandoeltalento.blogspot.com.ar

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